BARRERAS URBANAS: LOS BARRIOS CERRADOS
Los barrios cerrados son un fenómeno urbano global que ha tenido y tiene gran relevancia en las últimas décadas en diversos países. Son, en su forma moderna un modelo de urbanización “especial” privado, donde las viviendas o conjuntos de viviendas se encuentran controladas y cercadas a peatones y automovilistas, y son caracterizados por su perímetro cerrado. Generalmente se encuentran ubicados cerca de las vías rápidas de circulación, para facilitar el desplazamiento desde
El origen de los barrios cerrados esta asociado a distintas causas. Hasta principios del siglo XX las ciudades generalmente se organizaban y se desarrollaban alrededor de centros y vías comerciales, centros de transporte, puertos y otros centros de actividad comercial y social. Para la mayor parte de la vida humana, esto significaba que las ciudades eran principalmente caminables ya que era la única manera de trasladarse de un lugar a otro. Pero con el crecimiento de la industria automotriz y la posibilidad de acceder a un vehículo particular propio, junto con posibilidades gubernamentales favorables, la atención fue dirigida a los suburbios o a las afueras de las ciudades, y a formas de crecimiento más enfocadas en las necesidades del auto. Con este concepto surgieron las ideas de barrios cerrados en las afueras de la ciudad, principalmente a causa de inseguridad en la ciudad o de la “promesa” de una mejor calidad de vida, alejada de los ruidos de la ciudad, de la casa propia, el auto propio y la vida “ideal”.
El problema surgió pronto, cuando esa calidad de vida “ideal” se vió afectada por el hecho de que se resultaba insostenible mantener a toda esa cantidad de gente en las afueras de la ciudad dentro de barrios cerrados y exclusivamente residenciales donde el auto era el elemento más fundamental. Para aquella persona que había querido alejarse del ruido y llevar una vida más tranquila, pasar 2 horas diarias arriba de un auto, ese estilo de vida se volvió, o en algunos casos se está volviendo insostenible “Esto equivale a más de 500 horas anuales —60 días hábiles de 8 horas laborales— aislado de su familia y amigos, inmerso en el caos del tráfico. Para una sociedad que luchó por conseguir 10 días de vacaciones al año, malgastar más de 60 días laborales sentados en el tráfico, contaminando el medio ambiente, cargándose de estrés, y sin posibilidad de disfrutar de los amenities que ofrecen estos exclusivos desarrollos, resultó rápidamente inaceptable”.
En Estados Unidos esta tendencia se dio más temprano que en otras ciudades Latinoamericanas, por eso ya están en la etapa en la que se comprobó que no funcionaba Un claro ejemplo de la provincia de Buenos Aires es el caso de Pilar, con el boom de los Countries Privados conectados por la majestuosa autopista Panamericana, que parecía ser la solución para todos los problemas. Lejos de ser la solución hoy, transitar diariamente por la Panamericana en horarios picos resulta no solo una perdida de tiempo sino un dolor de cabeza más.
“Los barrios cerrados son una tendencia agresiva, cuyos efectos venideros serán desastrosos, porque se provoca una ruptura de la comunicación”, afirmó la urbanista española Isabel Rodríguez Chumillas.- Geógrafa de profesión, especializada en Geografía Urbana y en Patrimonio
En la línea teórica de la argentina Maristella Svampa, o de Sakia Sassen, entre tantos que miran las transformaciones urbanas desde una perspectiva multidisciplinaria, la experta señaló que, en tanto el espacio físico se está transformando con lo que ella señala como “elementos de bloqueo” (los muros que delimitan el perímetro de un barrio privado, por ejemplo), se están transformando las relaciones sociales.
“Los barrios cerrados, urbanizaciones privadas ogated communities , como se les llama allá, no sirven porque no son sustentables ni en lo social ni en lo económico, y ahora tampoco en lo energético“, asegura. “Lo han comprobado también países como Francia, Italia y Alemania, con experiencias negativas, o en franco retroceso. La gran tristeza, en cambio, son los países de Europa Oriental, que tras la caída de la Cortina de Hierro, creyeron que esto era lo nuevo y lo están replicando. Igual que nosotros en la Argentina: nos compramos la revista, pero del número atrasado.” Lo afirma Marcela Camblor, arquitecta argentina de 39 años, que en 1996 fue convocada para trabajar en un plan piloto para revitalizar los centros urbanos de cuatro condados de la Florida
La celebre urbanista sostiene urbanizaciones de baja densidad desparramadas en la periferia de las ciudades no sólo redundan en caos de tránsito, sino que tampoco son sostenibles en el largo plazo, y peor aún si son cerrado, ya que además de crear barreras urbanas inaccesibles estos barrios han generado la peor segregación social de la historia. “En un principio intentamos solucionar el problema ensanchando calles y construyendo nuevas autopistas. Además de no lograr reducir la congestión en proporción al dinero invertido, nos transformarnos en el Estado con el índice más alto de peatones atropellados del país. Además, el subsidio de esta infraestructura nos llevó a un atraso de US$ 5.000 millones en construcción de escuelas públicas, a incrementar los impuestos en un 700%, a la contaminación de ríos y napas de agua, a la desaparición de áreas naturales, a un enorme consumo de tierra, y de seguir así, a garantizar la extinción de la industria agrícola y el campo. Hoy sabemos que intentar reducir la congestión vehicular agregando carriles a nuestras rutas equivale a intentar bajar de peso aflojándose el cinturón. Se ataca el síntoma, no el problema.”
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