En el período reciente, hemos olvidado con frecuencia que el urbanismo es, como lo decía François Ascher, una función social que supera ampliamente el oficio de urbanista. Nos contentamos con definir la ciudad por construcciones (inmuebles e infraestructuras) cuya existencia y forma son determinantes para las opciones económicas de los inversores y promotores, los planos de los urbanistas y los diseños de los arquitectos, las decisiones políticas y, raramente, las reivindicaciones de los habitantes. Esto no es falso, pero no deja ver más que una pequeña parte de la realidad, de otro modo compleja. Varios otros elementos materiales e inmateriales “hacen a la ciudad” y varios otros actores hacen a su producción.

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